Fondos prometidos pero no entregados

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La emergencia ambiental, intensificada por las actividades económicas del ser humano, ha revelado la necesidad imperativa de proteger y rehabilitar tanto los ecosistemas de tierra como los marinos. El aumento de las temperaturas globales, la disminución de especies y la contaminación son cuestiones relacionadas que ponen en peligro la salud del planeta, afectando por ende a las economías y a la vida de las personas. En este escenario, se levantan voces que insisten en la importancia de conservar lo que aún queda y reparar lo que ha sido deteriorado. No obstante, para lograr estas misiones esenciales, se requiere no solo de determinación política y acción científica, sino también de un financiamiento adecuado y duradero.

Según indican los especialistas, el cambio hacia una economía más verde es, sobre todo, una cuestión de financiamiento. Aunque preservar los ecosistemas, como selvas y océanos, es crucial para frenar el cambio climático, esto también supone afrontar un alto costo económico. Por ejemplo, es necesario compensar a las comunidades locales por desistir de deforestar, corregir la pesca excesiva mediante subsidios para los barcos inactivos, o encontrar fuentes de ingresos alternativas para áreas turísticas cuyo impacto ambiental necesita ser reducido. Para llevar a cabo estas acciones, frecuentemente es esencial la cooperación con países de economías débiles, los cuales, usualmente, están más enfocados en las necesidades inmediatas de subsistencia que en los objetivos de conservación a largo plazo.

Como señalan los expertos, la transición hacia una economía más sostenible es, ante todo, una cuestión de recursos financieros. Aunque la conservación de los ecosistemas, como los bosques y los océanos, es esencial para mitigar el cambio climático, implica también asumir un coste económico considerable. Por ejemplo, se necesita compensar a las comunidades locales por dejar de talar los bosques, subsanar la sobreexplotación pesquera mediante subsidios para los barcos en reposo, o buscar fuentes alternativas de ingresos para zonas turísticas cuyo impacto ambiental debe ser reducido. Para lograrlo, muchas veces se requiere la colaboración de países con economías frágiles, los cuales, por lo general, están más centrados en las necesidades inmediatas de supervivencia que en los objetivos a largo plazo de conservación ambiental.

En términos de estrategias de financiamiento, hay varias herramientas que buscan dirigir recursos hacia la protección ambiental. Entre ellas se encuentran los bonos verdes, los fondos de inversión responsables, los créditos verdes y los intercambios de deuda por naturaleza. Estos mecanismos facilitan la movilización de grandes cantidades de dinero para proyectos de conservación y restauración. En 2024, las emisiones mundiales de bonos verdes superaron los 669.000 millones de dólares, demostrando el interés cada vez mayor en las inversiones que promueven la responsabilidad ambiental. En España, los bonos verdes también han experimentado un notable crecimiento, con emisiones que aumentaron de 16.550 millones de euros en 2022 a 19.241 millones en 2024.

Un ejemplo notable del efecto de los bonos verdes es el de CaixaBank, que ha emitido 7.500 millones de euros en este tipo de bonos, permitiendo así evitar la emisión de casi 3,1 millones de toneladas de CO₂ y financiar proyectos relacionados con el tratamiento de agua y energía renovable. Sin embargo, no todos los proyectos de conservación asociados a estos bonos alcanzan las expectativas. Un caso es el conocido como «Outcome Bond» para la reforestación del Amazonas, que logró recoger 225 millones de dólares, aunque solo 35 millones se destinaron directamente a la reforestación de la región amazónica.

Además, la filantropía juega un papel vital en el financiamiento de proyectos de conservación, especialmente en áreas donde los recursos públicos son escasos. Con frecuencia, las importantes donaciones de individuos y fundaciones privadas complementan e incluso superan la financiación gubernamental. En el caso de las Islas Galápagos, por ejemplo, la entidad Galápagos Conservancy ha invertido 50 millones de euros para proteger la biodiversidad del archipiélago. Filántropos como Leonardo DiCaprio también han realizado contribuciones notables, destinando 43 millones de dólares para la recuperación de especies en peligro de extinción.

Por otro lado, la filantropía desempeña un papel crucial en la financiación de proyectos de conservación, especialmente en aquellos lugares donde los fondos públicos son limitados. A menudo, las grandes donaciones de individuos y fundaciones privadas complementan la financiación pública e incluso la superan. En el caso de las Islas Galápagos, por ejemplo, la organización Galápagos Conservancy ha invertido 50 millones de euros en la conservación de la biodiversidad del archipiélago. Filántropos como Leonardo DiCaprio también han realizado aportaciones significativas, con una inversión de 43 millones de dólares para la restauración de especies en peligro de extinción.

En España, las empresas, más que los grandes filántropos, están desempeñando un papel clave en la conservación del medio ambiente. Compañías como Inditex, IKEA, Coca-Cola y Repsol han destinado sumas importantes para financiar proyectos de sostenibilidad, que incluyen iniciativas de reforestación, tratamiento de aguas y conservación de ecosistemas críticos. En los últimos cinco años, diversas empresas han aportado más de 7,5 millones de euros para proyectos de WWF España, demostrando que el sector privado tiene un papel fundamental en la protección ambiental.

Sin embargo, la financiación no siempre es suficiente para hacer frente a los desafíos ambientales. A medida que la crisis climática se intensifica, la falta de recursos públicos y privados podría poner en peligro los avances logrados hasta ahora. A nivel global, el cambio de enfoque de algunos gobiernos, especialmente la retirada de EE. UU. de los acuerdos climáticos y la creciente concentración en el gasto militar, pone en riesgo los esfuerzos por mitigar el cambio climático. En este escenario, será crucial que tanto las empresas como los filántropos continúen desempeñando un papel activo y que se busquen nuevas formas de generar ingresos para financiar la conservación y la transición hacia un futuro más sostenible.

Por Isabella Hernandez